Continuando con el artículo anterior en el que se exponía la segunda parte de la creación de una planificación, se detallan ahora las que completan el círculo de cuestiones con las que dar el primer paso para organizar la temporada de un deportista.

 

7. La segunda división de la temporada: los microciclos.
Cuando planifico diariamente a deportistas de todos los niveles siempre les traslado una idea: la planificación buena es la planificación que siempre se está readaptando. Con esto les explico que, si bien se han de tener previstas las fases que se han de ir atravesando durante la temporada, también hay que saberlas adaptar a la realidad que nos vamos encontrando ya que la respuesta de un deportista a los estímulos que supone el entrenamiento puede ser muy diversa. Por ello, hemos de ser flexibles y saber reconducir el proceso de manera individualizada y constantemente. La parte de la planificación que nos permite esos ajustes son los microciclos, fases de entre 4 y 14 días que tienen un objetivo determinado enmarcado dentro del mesociclo en el que se alojan.
En ellos se va planificando la relación de cargas durante varios días y se alternan jornadas con mayor y con menor exigencia que permiten la relación óptima entre la inclusión de cargas que desarrollan al deportista y cargas que le permiten asimilar el entrenamiento para evolucionar en su rendimiento.

El eje transversal: la fuerza.
Cualquier propuesta de planificación ha de tener un eje vertebrador que se extiende desde el comienzo al final de la temporada, un eje gracias al cual se soportan los demás elementos y que hace posible, por una parte la mejora del rendimiento, por otra parte lograr un deportista bien equilibrado y finalmente una reducción de la probabilidad de sufrir sobrecargas, molestias y/o lesiones. Ese eje es indispensable en cualquier deporte y para cualquier nivel de rendimiento, desde el profesional al amateur: es eje es el entrenamiento de la fuerza.Es cierto que las nuevas tendencias y medios para desarrollarla han supuesto un enriquecimiento a la hora de preparar a cualquier deportista: los TRX, el Pilates, el entrenamiento funcional, etc. son grandes aportaciones que proponen estímulos de la máxima calidad pero que no por ello eliminan los sistemas tradicionales mediante los que se ha entrenado la fuerza y que tan buenos resultados han dado durante años.Por lo tanto, las nuevas tendencias han de estar en equilibrio con las mancuernas y máquinas del gimnasio en las que todos hemos entrenado ya que sólo así se alcanzan todos los estímulos necesarios como para desarrollar al máximo las cualidades de un deportista.

La planificación nutricional.
Cuando frecuentemente hago presentaciones lanzo a los asistentes una pregunta: ¿si un deportista entrena distintos tipos de estímulos y fases durante la temporada, debe de comer siempre lo mismo? La respuesta es evidente: si las fases del entrenamiento buscan adaptaciones diferentes durante la planificación, los nutrientes que se han de aportar a un deportista también deben de ir siendo distintos a lo largo de la temporada y por lo tanto, deben de planificarse en base a ella.Por ejemplo, en fases en las que las intensidades más elevadas a alcanzar sean el objetivo principal la nutrición debe de dar respuestas distintas a fases en las que se desea conseguir una adaptación óptima durante estímulos prolongados varias horas a bajas intensidades.Y para poderla individualizar es clave realizar una prueba de esfuerzo en un laboratorio con los medios adecuados como para valorar el metabolismo del deportista a distintas intensidades y elaborar la estrategia nutricional en relación a ello.En conclusión, otro eje transversal que se ha de unir al entrenamiento de la fuerza debe de ser la planificación de la nutrición de manera completamente individual y en relación a las fases de entrenamiento y de competición.

La creatividad: la magia del entrenador.
Es cierto que entrenar individualizadamente a un deportista es un proceso que ha de estar basado en evidencias científicas sobre las que apoyar su planificación. Además, como decía uno de los grandes profesores que tuve en la universidad: “entrenar es un equilibrio entre ciencia y arte”. Con ello aquel experto nos trasladaba la idea de que, si bien como entrenadores nos hemos de apoyar siempre en la ciencia, hemos de dejar al mismo tiempo una parte a nuestra creatividad, a aquella parte que tiene que ver con saber adaptar el entrenamiento a cada deportista, a su día a día, a su personalidad, a características o condicionantes que son propios de ese individuo, a detalles con los que retocar y darle una personalidad propia a cualquier planificación y que permiten que realmente preparemos a un deportista de manera completamente individual y única.
Esos detalles esenciales son los que cada entrenador aporta en base a su personalidad, en base a su formación académica y experiencia deportiva y en base a su forma de ver el rendimiento e incluso la vida.
Ese “toque” final que toda planificación ha de contener es lo que deja el sello, la firma de un buen entrenador cuando planifica realmente de forma exclusiva y única a cada uno de sus deportistas, sintiendo como propios los retos que ellos se marcan. Ahí está la magia de la planificación: en la parte creativa de ese proceso.

 

En definitiva, para planificar correctamente una temporada y lograr los objetivos que el deportista se plantea, las piezas del rompecabezas han de ser bien conocidas y colocadas en función de cada persona, esto es, individualizadamente.