Ya no existen dudas: cualquier triatleta debe de invertir parte de su tiempo en la capacidad física que más determina el desarrollo óptimo de la resistencia: la fuerza. En efecto, ésta se ha convertido en la gran protagonista de los incrementos vividos en el rendimiento de los triatletas de todos los niveles, siendo además sobre la que se apoya la posibilidad de prolongar varios años, la vida deportiva de calidad de esos ejemplos de juventud que con más de 70 primaveras, siguen cruzando la meta de por ejemplo, el IRONMAN. Dexter, una de las deportistas de las que más aprendo cada vez que le planifico los entrenamientos, volvió a cruzar la meta del de Cozumel hace unas semanas a sus 74 años de juventud. Lo hizo posible gracias a las numerosas horas que pasa en el gimnasio de su querido Coeur d’Alene (Idaho, Estados Unidos).

Pero no solamente de ir al gimnasio depende la mejora de la fuerza. Es más, habitualmente se cometen errores, que en lugar de favorecer el rendimiento del deportista, le alejan de su mejor versión. Y es que esta capacidad física se puede entrenar con una diversidad tan grande de objetivos, de finalidades, que acertar con el específico de cada triatleta en cada momento de la temporada, depende de un estudio previo y una planificación individualizada.

Veamos los principales aspectos a mejorar en el entrenamiento de la fuerza de gran cantidad de triatletas y corrigiéndolos, lograremos que su rendimiento progrese de forma segura hacia los objetivos que se planteen.

1. No entrenar la fuerza al terminar la temporada

Cuando finaliza la última competición del año, es habitual la tendencia a dejar de entrenar, a colgar el bañador, meter la bicicleta en el garaje y utilizar las zapatillas para poco más que ir a pasear. Enorme error.

Justamente cuando se está en el periodo entre dos temporadas, es cuando se abren nuevas oportunidades para mejorar el rendimiento. Dave Scott (leyenda del IRONMAN, ganador seis veces en Kona), siempre lo resume así: “los campeones se hacen fuera de la temporada”.

Es cierto que es adecuado reducir la exigencia de las cargas, su volumen y permitir al organismo que asimile lo entrenado todos los meses precedentes, pero mantener ciertos estímulos de calidad, entre los que se ha de priorizar la fuerza, es fundamental para llegar al inicio de la siguiente temporada con posibilidades como para crecer exponencialmente.

En esa fase, invertir en la fuerza máxima, buscando toques donde la hipertrofia sea prioritaria, sería una gran forma de aprovechar la fase de transición.

2. Entrenar siempre con cargas muy bajas.

Hace un tiempo, los deportistas de resistencia no entrenaban la fuerza. Se pensaba que los haría muy pesados al desarrollar su masa muscular. Poco a poco comenzaron a incluirla en sus planes y lo hicieron pasando casi toda la temporada con estímulos donde la gran cantidad de repeticiones (de 15 hacia arriba) movidas con pesos livianos, eran la norma. Y si bien esos estímulos son correctos, no pueden ser los únicos, aunque muchos triatletas los mantengan en todo momento.

Sabemos que las cargas han de ir variando y que es esencial que el desarrollo de la fuerza pase por todas sus fases, incluyendo aquellas que suponen movilizar pesos máximos (de hasta el 90-100%) con una, dos o tres repeticiones.

3. No entrenar la fuerza cerca de las competiciones.

Otra gran evolución ha venido desde la perspectiva en la que la fuerza puede ser entrenada en todo momento, incluyendo la fase específica de la planificación y el periodo competitivo.

Sesiones en las que la fuerza velocidad, la coordinación intermuscular y la coordinación intramuscular sean los objetivos principales, no solo no son contraproducentes, sino que son muy positivas, al añadir estímulos de la máxima calidad que además, bien planificados, arrastran una fatiga mínima al resto de sesiones de la semana de entrenamiento.

4. Pensar que entrenar la fuerza no es necesario.

El triatlón, independientemente de la distancia en la que se compita, es un deporte de la máxima complejidad y que por su exigencia física (implica la totalidad del cuerpo), pone en acción a la gran mayoría de grupos musculares del deportista.

Cuando observamos a los triatletas de élite se puede ver con claridad (y sus entrenamientos así lo demuestran) que son fuertes, muy fuertes, y que precisamente esa fuerza es lo que les permite mantener los ritmos que son capaces de generar independientemente de las horas que pasen compitiendo.

Y si para un profesional el entrenamiento de la fuerza es clave, lo es todavía más para el deportista amateur, que entrena menos horas que el primero y que por lo tanto se verá beneficiado al invertir tiempo en el gimnasio, donde con una, dos o tres sesiones de 45’-60’ a la semana, podrá incidir en estímulos de la máxima calidad con los que reforzar de manera importante sus horas de natación, ciclismo y carrera a pie, incrementando con ello su rendimiento en el triatlón.

Entrenar la fuerza ya no es una elección a tomar. Debe de ser una parte fundamental de la planificación de cualquier triatleta (es más, de cualquier deportista) y ha de ser puesta en práctica cuidando cada uno de sus detalles, evitando errores y enfocándola de manera totalmente personalizada. Y es que cada triatleta es diferente y el camino a trazar debe de ser exclusivo.